TRAVESIA MACABRA

Son las nueve de la mañana, llego al sitio, me propongo a subir, pero, algo me detiene, contemplo cómo esa mujer a pesar de todos sus impedimentos realiza su ascenso con mucha calma, casi me pongo frente a su cara a ver que lleva esta mujer por dentro, no veo  alegría, solo resignación. Tiene que "echarle bolas" porque si, no hay otra salida más que "echarle bolas". Sigo su ascenso lento e inseguro, pero, nada más se puede hacer. Súbitamente una figura veloz pasa rauda frente a mis ojos, y se pierde en la inmensidad, pero me deja fijo con otra figura ya cargada en años e incluso mayor que yo, llega al embarcadero, respira varias veces, mueve sus piernas como "chequeando" su movilidad, busco en este señor algo que me dijese el por que lo hace, el por qué está obligado a subir en vez de quedarse en casa. Leo también este rostro, pero, es más frío que la anterior, ni una pizca de alegría despiden esos ojos, quizás esta pregunta habría cruzado por su mente: "hasta cuándo Dios mío, hasta cuándo", si, perfectamente esa pregunta corresponde a esa expresión, lo llamé varias veces para confirmar mi apreciación, pero, en su ascenso este señor no podía prestarme atención, estaba muy concentrado en su ascenso, lo seguí paso a paso, hasta que llegó a la cúspide, y dije para mis adentros "en algún momento te tocará a ti". UN escalofrío recorrió mi cuerpo, sé lo que es esa travesía, ¿acaso no tengo varios años subiendo a la alta montaña?, me iba a impulsar a realizar mi travesía, cuando lo ví, si, vi a quien quizás pudiera ser catalogado como el campeón de la alta montaña, quise inclinarme ante él y reconocerle como mi maestro,,. noventa años quizás o más, un bastón en su mano derecha, un andar delicado y riesgoso, unos enormes lentes cuyos cristales aumentaban tres veces el ojo, manifestando dificultad en la visión, muy delgado, de apariencia huesuda. Manifestaba torpeza en lograr poner un pie en el  primer escalón hacia la alta montaña. Me pregunté, y qué hace este campeón aún subiendo la alta montaña?, pregunta esta que me la podría formular yo mismo. Me atreví a preguntarle, el viejo se paró en el tercer escalón,  me miró profundamente, su mirada era de sabiduría, y me dijo, "Yo te respondo, si tu mismo te respondes el por qué también estás subiendo esta montaña", apenado le contesté, "viejo, necesito comer, vivir, sino lo hago entonces no viviré", el viejo me miró y me dijo: "ya está respondida tu pregunta hijo", se asió fuertemente del pasamanos y reanudo su andar hacia la cima de la montaña. Me senté en el piso a meditar todo lo ocurrido en esa mañana, vi no sé cuánta gente, jóvenes, mediana edad, viejos, más viejos aún "echarle bolas"a subir la alta montaña. Esta acción se repetía día tras día, poca gente oí o ví quejarse del ascenso o el regreso hacia y desde la lata montaña, a pesar del trabajo que para algunos como yo cuesta tanto: 71 años, arritmia cardíaca, bastón mano derecha, artrosis de cadera, pero obligado a subir todos los días la alta montaña porque aún trabajo. Me toca ahora desde el interior de la estación del metro de Capitolio iniciar una vez más, LA TRAVESÍA MACABRA hacia la superficie. JUSTICIA PARA MARIO LUIS

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